
Esta es una entrada muy difícil de escribir, porque tengo sentimientos encontrados al respecto. Conozco personalmente a algunos de los artistas cuyo trabajo hizo posible a Brijes 3D, y de ninguna manera es mi intención ofender a nadie. Sin embrago, considero un deber hacer una reflexión crítica como responsables que somos de hacer crecer a esta industria. Y es en ese tenor que escribo estas palabras.
Brijes 3D es un desastre narrativo. Sin cuestionar el concepto que motivo a esta cinta, simplemente evaluando la pieza por sus características y con la experiencia aun fresca en la memoria; este estreno podría tener consecuencias negativas para el desarrollo de la industria.
El asunto es que con cada película de animación que fracasa en brindar una experiencia de entretenimiento satisfactoria; se perpetua una noción que es veneno puro para todo el proceso industrial. La noción de que el cine mexicano, por el hecho de ser mexicano; es malo.
Brijes es un argumento más que el mercado ha de blandir contra todos aquellos que queremos generar una industria saludable. Capaz de obtener un porcentaje del mercado, de auto financiarse y dejar de estirar la mano a dádivas gubernamentales. Una industria que sin patrioterismos sea capaz de solventar las necesidades de entretenimiento y formación de identidad cultural de este país. Una que sistemáticamente genere proyectos que no solo son atractivos a la inversión por su alto potencial de redituar; sino que también brindan oportunidades de desarrollo a los artistas que han de ejecutarlos.
Secuencias de acción dinámicas, y una musicalización muy competente son los elementos rescatables; pero no hay mucho más que agregar. Cabe cuestionar a una dirección de arte que tomo decisiones inexplicables, una estereoscopia que en nada ayuda a integrar un estilo visual de la producción y animación que fracaso en exponer actuaciones claras.
Pero todo esto es superficial e intrascendente cuando tomamos en cuenta a la historia. La concepción de la historia es un paso hacia atrás sin duda alguna. Desprovista de toda estructura, el guion es una secuencia de eventos exageradamente verbalizada. Despojada de cualquier vestigio de drama creíble, que atenta con la lógica tanto que resulta sorprendentemente confusa.
Simplemente, cuesta trabajo saber tras de que están los personajes principales; ni siquiera vale la pena cuestionar el porqué habrían de embarcarse en la aventura. Y cuando al final resulta que la historia no trataba de quienes hemos seguido por más de una hora, para no extenderme; es poco menos que insultante para la audiencia.