
En
aquellos tiempos me frustraba el rumbo que tomaba la industria, porque me
parecía que la razón detrás de las decisiones no era el lograr el mejor
resultado artístico que podía conseguirse. Sé que esa frustración la comparte
una gran mayoría de los artistas de animación mexicanos.
La consecuencia inmediata suele ser demonizar a los
productores ejecutivos y dueños de los estudios. Acusarlos desde ignorancia
hasta corrupción. En muchos casos, hay razones para sostener esas acusaciones.
Pero lo que es innegable es que demonizar al "negocio" no ha dado
ningún resultado positivo en la causa de construir una industria de animación
en México.
Eventualmente, la frustración puede evolucionar en 2
vertientes: La iniciativa o la amargura. Una ciertamente más constructiva que
la otra. La iniciativa suele llevar al artista a fundar un estudio, solo para
enfrentarse con la frustración de un negocio complicado y en el cual el mejor
resultado artístico tampoco suele ser la prioridad. Y entonces es que cae el
20: Una vida dedicada al arte solo es posible si se comprende su naturaleza
dual; forma de expresión y negocio.
No se puede elegir entre una y otra; vienen juntas. Es parte
del reto de ser artista. Los más grandes artistas de la historia han enfrentado
la misma situación con mayor o menor éxito, ¿por qué habríamos de estar exentos?
Conforme estudié más y más del negocio, empecé a ver la viga
en el ojo propio como artista y a la vez se hizo cada vez más comprensible la
paja en el ojo de los productores mexicanos.
Este blog, como mi experiencia personal; está salpicado de
amargura e iniciativa. Pero me parece
que si estas entradas han de ser útiles, debo intentar desactivar la división facciosa
entre arte y negocio. División que se
arraiga gracias a un error común. ¿Cómo habrían de entenderse en colaboración
quienes deciden no preocuparse por los intereses del interlocutor?
En entradas pasadas, he empezado a articular algunas de las
conclusiones a las que he llegado y sostengo como hipótesis hasta ahora. Sin
embargo, me genera dudas la utilidad de entradas con esa temática.
La transición de una mentalidad puramente artística a una
que tiene consideraciones de mercado es difícil y tiene enorme potencial de
controversias. Es por eso que pretendo volver en el tiempo al 2009, cuando salí
a probar suerte como independiente; para hacer un recuento del trayecto y las
lecciones aprendidas en ese viaje. Espero que les resulte interesante, y lo aprendido les evite tropiezos innecesarios en sus carreras. A
quienes me acompañen, les agradezco su atención.