El 11 de Junio se publico en Milenio una entrevista con
Carlos Carrera, célebre director de Ana con el encabezado: El cine
de animación, caro y sin apoyo suficiente. Tras leer la nota, la compartí en
Twitter y prometí una entrada de blog. He aquí dicha entrada, para revivir el
blog.
Para no poner palabras en la boca de nadie, la nota esta
aquí: http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/0d256b03c0d1a065ce41f8885f4da539
Y muy temprano en la entrevista se aparecen los bandos;
estas dos vertientes de la animación mexicana. Y es ahí donde radica un
problema, porque a partir del bando con el que se identifique uno, ve distinta
la problemática del cine de animación mexicano.
Los bandos son la burocracia cultural , que produce como
forma de expresión individual y justifica la recepción del apoyo gubernamental
con premios, festivales y representar la cultura de México en el mundo; por un
lado.
Por el otro, el cine empresario; que busca la manera de generar
los mejores resultados comerciales posibles para "hacer industria",
generar empleos, desarrollar contenidos para el mercado internacional, etc.
La producción de Ana, parece estar atrapada justo en
medio; con un pie en cada campo.
Mi reacción a la nota fue: Cierto, pero el análisis es
cuestionable. Y es cuestionable porque recurre a una respuesta fácil y
desorientadora. Culpar al gobierno y su insuficiente apoyo. Es una respuesta
fácil porque es cierto, 30 millones de pesos no son suficientes para producir
una película de animación de altos valores de producción. Es desorientadora porque acusa de
culpabilidad al mayor aliado de la animación mexicana y disfraza la real
problemática que enfrentamos.
Lo cierto es que Ana cuesta 80 millones de pesos, y el
promedio de recaudación de una película animada mexicana basada en una
propiedad intelectual nueva es de entre 50 y 60 millones de pesos siendo
optimistas. Recaudaciones mayores se han logrado solo con propiedades bien
posicionadas como Don Gato y Una película de huevos; pero Ana no tiene esta ventaja.
El verdadero problema, no solo de Ana sino de toda la
producción nacional; es que como audiencia estamos colonizados culturalmente.
Nuestro mercado está inundado por contenido que incluye al mejor del mundo; y
eso reduce notablemente el margen de ganancia que se puede proyectar para una
cinta nacional. El problema de la animación mexicana es un problema de mercado.
Siendo optimistas, esperando lo mejor en todos los aspectos
que están en las manos de los productores pero siendo realistas a partir de la
información que tenemos; es difícil pronosticar que una propiedad intelectual
nueva genere en México mas de esos 80 millones de pesos. Así pues, la necesidad
de acceder a mercados extranjeros y contar con fuentes de ingreso auxiliares se
vuelve evidente.
Esta es la muy complicada venta que una propiedad
intelectual nueva enfrenta en mayor o menor medida. Esta es la razón por la que debemos ser
disciplinados y moderados con los presupuestos si hemos de compartir el mercado
con Hollywood. ¿Ustedes que creen que
podría hacerse para vender "Ana" a inversionistas? ¿Y a la audiencia?