jueves, 11 de abril de 2013

El ARIEL: Arrastrando el prestigio.




La naturaleza de las ceremonias de premios no es particularmente complicada, son herramientas de marketing. La validación de una película por parte de un cuerpo colegiado dotado de cierta credibilidad argumenta a favor de esa película en el mercado y tiene efectos tangibles en su desempeño y valoración. No es raro ver nuevas corridas de exhibición en salas, incremento en ventas de DVD, y renovado interés de parte de la audiencia; todo a partir de la nominación a un premio prestigiado.

 El Ariel de la AMACC está llamado a ser el premio definitivo del cine mexicano, pero en su edición del 2013 decidió cancelar la categoría de Mejor Largometraje Animado a pesar de la inscripción de Z-Baw y El Santos vs La Tetona Mendoza. En el contexto de la encarnizada lucha por conseguir pantallas para el cine mexicano en general, y el de animación particularmente; el maniqueo y voluble manejo de la categoría de animación del Ariel es poco menos que traición al Espíritu de la Academia.

"Promover la difusión, la investigación, la preservación, el desarrollo y la defensa de las artes y ciencias cinematográficas".

Con actuaciones arbitrarias como esta, contrastando con precedentes como el Ariel sin competencia para La Leyenda de la Nahuala del 2008; la credibilidad del premio está hecha añicos, su efecto para validar películas arruinado. Es evidente que el criterio está infectado por la grilla característica del enfrentamiento entre la burocracia cultural y el cine empresario, y así seguimos saboteando los humildes esfuerzos que el cine nacional hace para enfrentar el dominio Hollywoodense. Abusando cada herramienta, apoyo y política pública, hasta volverlas inoperantes. 

¿Cómo es que desaparecer la categoría de Mejor Largometraje Animado, con 2 películas inscritas; promueve la difusión, preservación, desarrollo y defensa de las artes y ciencias cinematográficas? 

Tal vez valga más la pena elevar el perfil artístico de los premios de CANACINE, cuidando construir para estos una credibilidad que pueda substituir a la vergüenza en que se ha convertido el Ariel. Eventualmente podríamos tratar de superar la mezquindad, unificando a la industria y la academia. Pero hasta entonces hacer cine en México seguirá siendo una carga contra los molinos, y tener un Ariel no significará mucho más que el reconocimiento de un grupúsculo. 

Nota Editorial: En aras de la transparencia cabe recordar que trabajé brevemente como animador mientras se concebía Z-Baw. y que a partir de el mes de Abril 2013 soy el Director de Desarrollo Creativo en Anima Estudios.  Las opiniones aquí expresadas son mías, y soy el único responsable de lo aquí presentado.