
La naturaleza de las
ceremonias de premios no es particularmente complicada, son herramientas de
marketing. La validación de una película por parte de un cuerpo colegiado
dotado de cierta credibilidad argumenta a favor de esa película en el mercado y
tiene efectos tangibles en su desempeño y valoración. No es raro ver nuevas
corridas de exhibición en salas, incremento en ventas de DVD, y renovado
interés de parte de la audiencia; todo a partir de la nominación a un premio prestigiado.
El
Ariel de la AMACC está llamado a ser el premio definitivo del cine mexicano,
pero en su edición del 2013 decidió cancelar la categoría de Mejor Largometraje
Animado a pesar de la inscripción de Z-Baw
y El Santos vs La Tetona Mendoza.
En el contexto de la encarnizada lucha por conseguir pantallas para el cine
mexicano en general, y el de animación particularmente; el maniqueo y voluble
manejo de la categoría de animación del Ariel es poco menos que traición al
Espíritu de la Academia.
"Promover la difusión, la investigación, la preservación, el desarrollo y la defensa de las artes y ciencias cinematográficas".
Con actuaciones arbitrarias
como esta, contrastando con precedentes como el Ariel sin competencia para
La Leyenda de la Nahuala del 2008; la credibilidad
del premio está hecha añicos, su efecto para validar películas arruinado. Es
evidente que el criterio está infectado por la grilla característica del
enfrentamiento entre la burocracia cultural y el cine empresario, y así
seguimos saboteando los humildes esfuerzos que el cine nacional hace para
enfrentar el dominio Hollywoodense. Abusando cada herramienta, apoyo y política
pública, hasta volverlas inoperantes.
¿Cómo es que
desaparecer la categoría de Mejor Largometraje Animado, con 2 películas
inscritas; promueve la difusión, preservación, desarrollo y defensa de las
artes y ciencias cinematográficas?
Tal vez valga más la
pena elevar el perfil artístico de los premios de CANACINE, cuidando construir
para estos una credibilidad que pueda substituir a la vergüenza en que se ha
convertido el Ariel. Eventualmente podríamos tratar de superar la mezquindad,
unificando a la industria y la academia. Pero hasta entonces hacer cine en
México seguirá siendo una carga contra los molinos, y tener un Ariel no significará mucho más que el reconocimiento de un grupúsculo.
Nota Editorial: En aras de la transparencia cabe recordar que trabajé brevemente como animador mientras se concebía Z-Baw. y que a partir de el mes de Abril 2013 soy el Director de Desarrollo Creativo en Anima Estudios. Las opiniones aquí expresadas son mías, y soy el único responsable de lo aquí presentado.